Capítulo 50: Bajo el cielo naranja La boda no fue extravagante. Fue íntima. Al atardecer. Con un cielo teñido de ese naranja que siempre les recordó lo vivido. Había flores suaves, música delicada y una mesa especial donde el menú incluía, por supuesto, el famoso risotto de durazno caramelo. En los asientos delanteros, una fotografía de Valeria. En sus corazones, las versiones jóvenes de ellos mismos. Cuando Sofía caminó hacia el altar, Tomás la miró como la primera vez en la biblioteca… pero con años de historia en los ojos. En sus votos, Sofía dijo: —Prometo no huir cuando el miedo aparezca. Prometo elegirte incluso en los días grises. Prometo que si el mundo intenta rompernos, lo enfrentaremos como equipo. Porque aprendí que el amor no es ausencia de dolor… es la decisión constante de permanecer. Tomás respondió: —Prometo cocinarte cada recuerdo y transformar cada dificultad en algo que podamos compartir. Prometo que si alguna vez olvidamos quiénes somos, volveremo...