Ir al contenido principal

Capitulos 13,14 y 15

 

Amor durazno. Capitulo 13,14 y 15


## Capítulo 13: El beso que sabía a revancha


Después del desastre del concurso, pasaron dos días incómodos.

Cristal caminaba por los pasillos con su banda como si fuera una medalla olímpica. Yo caminaba intentando que no me importara.

Spoiler: sí me importaba.

Pero el viernes, algo cambió.

Tomás apareció en mi casa con esa mirada decidida que suele significar “voy a hacer algo impulsivo”.

—Ven —dijo.

—¿A dónde?

—Confía.

Siempre confío. Ese es mi problema favorito.

Me llevó al parque donde solíamos ir de niños. Atardecer naranja, aire tibio, cero público humillante.

—He estado pensando —dijo, metiendo las manos en los bolsillos—. Te vi ahí arriba y sentí algo raro.

—¿Raro bien o raro trauma escolar?

—Raro tipo “no quiero que nadie vuelva a hacerte sentir pequeña”.

Mi corazón hizo un pequeño salto.

—No necesito que me rescaten —dije.

—Lo sé. Pero quiero estar contigo cuando el mundo intente empujarte.

Silencio suave.

El tipo de silencio que no pesa.

—Sofi… cuando Cristal se burló, quise subir al escenario y decirle que la única persona realmente impresionante eras tú.

Sonreí un poco.

—Eso habría sido dramático.

—Soy dramático.

Nos miramos.

Sin bromas.
Sin interrupciones.
Sin balones voladores.

Esta vez no hubo almost.

Sus manos buscaron mi cintura con más decisión que antes. Yo tomé su sudadera como si fuera ancla.

El beso empezó lento… pero no se quedó ahí.

Fue intenso. Profundo. Cargado de todo lo que no habíamos dicho durante meses.

No fue torpe.

No fue accidental.

Fue elegido.

Sentí ese vértigo delicioso de cuando alguien te besa como si realmente te hubiera estado esperando.

Cuando nos separamos, ambos estábamos respirando como si hubiéramos corrido una maratón emocional.

—Definitivamente no somos solo amigos —murmuró.

—Definitivamente no.

Y por primera vez, no sentí miedo.

Sentí certeza.

Error.

Porque la felicidad en mi vida suele venir con cláusulas ocultas.

Capítulo 14: La estupidez masculina (manual ilustrado)

La estupidez ocurrió el lunes.

Porque aparentemente, cuando el universo te da un beso perfecto… luego te pone a prueba.

Estaba en el pasillo cuando escuché risas.

Cristal y sus amigas.

Y en medio de ellas…

Tomás.

Mi cerebro hizo una pausa dramática.

No estaban haciendo nada romántico.

Pero Cristal estaba demasiado cerca.

Demasiado cómoda.

Demasiado sonriente.

—Eres un héroe por aguantar eso —dijo ella riendo.

—No fue para tanto —respondió Tomás.

Me acerqué sin que me vieran.

—¿Aguantar qué? —preguntó una amiga.

Cristal miró a Tomás con complicidad.

—Lo del concurso. Defender a… bueno. Ya sabes.

Sentí el golpe antes de escucharlo.

Tomás se encogió de hombros.

—Solo dije que no fue para tanto. No hacía falta hacer un drama.

Drama.

¿Mi humillación era un drama?

No sé qué dolió más.

Que estuviera riendo.

O que no me defendiera.

Di media vuelta antes de que me notaran.

Pero claro, la dignidad nunca dura mucho en mí.

—Sofi —escuché su voz detrás.

Me detuve.

—¿Qué fue eso? —pregunté sin rodeos.

—¿Qué cosa?

—Reírte.

—No me estaba riendo de ti.

—No me defendiste.

Él frunció el ceño.

—No quería hacer más grande el asunto.

—¿Más grande? Me humillaron frente a todo el colegio, Tomás.

—Y yo estuve contigo después.

—No es lo mismo.

Silencio tenso.

—No puedo estar peleando con todo el mundo por cada cosa —dijo, un poco a la defensiva.

Ah.

Eso.

Eso fue la estupidez.

—No necesito que pelees —respondí con voz firme—. Necesito que no minimices lo que sentí.

Él suspiró.

—Estás exagerando.

Y ahí exploté.

—No me digas que exagero. No me digas cómo sentirme. No conviertas mi dolor en algo pequeño solo porque te incomoda enfrentarlo.

Las palabras salían más rápido que mis filtros.

—Sofi, solo intentaba evitar más drama.

—Pues felicidades. Lo lograste. Evitaste el drama… y también me hiciste sentir sola.

Eso lo dejó callado.

Pero yo ya estaba herida.

Y cuando estoy herida, me vuelvo peligrosa.

—Si te da miedo incomodar a Cristal, tal vez no deberías besarme como si yo fuera lo más importante del mundo.

Silencio absoluto.

Sus ojos se oscurecieron un poco.

—Eso no es justo.

—Tampoco lo fue lo que pasó en ese escenario.

Y me fui.

Esta vez no lloré.

Estaba demasiado molesta para llorar.

Capítulo 15:

No nos hablamos en dos días.

Dos días pueden parecer poco.

Pero cuando pasas de besos apasionados a silencio incómodo, se sienten eternos.

Valeria estaba lista para declararle la guerra a Tomás.

—¿Quieres que lo ignoremos públicamente?

—No somos un país en conflicto —respondí.

Pero por dentro… sí lo éramos.

El miércoles, me esperó afuera del salón.

—Necesitamos hablar.

—Depende. ¿Vas a decirme que exagero otra vez?

—No.

Su tono era distinto.

Más serio.

Más consciente.

Caminamos hasta el mismo parque donde nos besamos.

Ironía emocional.

—Fui un idiota —dijo sin rodeos.

Parpadeé.

—Eso fue sorprendentemente rápido.

—Me dio miedo.

—¿De qué?

—De convertirme en el centro de un conflicto. De que Cristal hiciera más grande el asunto. De que todo se volviera más incómodo.

Lo miré.

—¿Y qué hay de mi incomodidad?

Bajó la mirada.

—No pensé. Solo intenté mantener la paz.

—A costa de mí.

Asintió.

—Sí.

Silencio.

Pero esta vez no era agresivo.

Era reflexivo.

—No quiero un novio que evite problemas —dije finalmente—. Quiero alguien que, incluso si no pelea, no minimice lo que siento.

—No volveré a hacerlo.

—No prometas cosas enormes. Promete escuchar.

Me miró con esa intensidad que me desarma.

—Prometo escucharte. Incluso cuando me incomode. Incluso cuando me equivoque.

Respiré hondo.

—Yo también prometo no atacar cuando esté herida.

Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.

—¿Eso significa que no estamos terminando algo que apenas empieza?

Lo miré unos segundos.

—Significa que estamos aprendiendo.

Se acercó lentamente.

—¿Puedo besarte?

—Depende.

—¿De qué?

—De si esta vez lo haces sabiendo que no soy exagerada.

Sonrió.

—Nunca lo fuiste.

El beso fue diferente al anterior.

Menos impulsivo.
Más consciente.
Igual de intenso.

Porque amar no es solo besarse apasionadamente bajo el atardecer.

También es discutir.
Equivocarse.
Y decidir quedarse.

Y aunque Tomás cometió una estupidez…

Esta vez, no dejamos que la torpeza fuera más fuerte que lo que sentimos.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Amor durazno. Capitulos 1,2 y 3 (Desliza hacia abajo para leer la novela)

 Amor durazno atOptions = { 'key' : '9b55ebb9ae1ae567bd1e543987a29876', 'format' : 'iframe', 'height' : 90, 'width' : 728, 'params' : {} }; /script>   Capítulo 1: La chica invisible. Dicen que el amor llega cuando menos lo esperas. Yo digo que el amor llega cuando estás despeinada, con un granito en la frente y una autoestima que vive escondida debajo de la cama. Me llamo Sofía Martínez, tengo dieciséis años y soy experta en tres cosas: sacar buenas notas, sobrepensar cada palabra que digo… y estar enamorada en secreto de mi mejor amigo. Tomás Revans Tomás “sonrisa perfecta” Revans Tomás “todo me sale bien sin esfuerzo” Revans Tomás “abraza a Sofía como si fuera su hermanita pequeña”Revans Si. Exacto. Ese es el problema. —¡Sofi! —gritó él esa mañana desde el otro lado del patio del colegio. Yo fingí ...

Capítulo 50: Bajo el cielo naranja

  Capítulo 50: Bajo el cielo naranja La boda no fue extravagante. Fue íntima. Al atardecer. Con un cielo teñido de ese naranja que siempre les recordó lo vivido. Había flores suaves, música delicada y una mesa especial donde el menú incluía, por supuesto, el famoso risotto de durazno caramelo. En los asientos delanteros, una fotografía de Valeria. En sus corazones, las versiones jóvenes de ellos mismos. Cuando Sofía caminó hacia el altar, Tomás la miró como la primera vez en la biblioteca… pero con años de historia en los ojos. En sus votos, Sofía dijo: —Prometo no huir cuando el miedo aparezca. Prometo elegirte incluso en los días grises. Prometo que si el mundo intenta rompernos, lo enfrentaremos como equipo. Porque aprendí que el amor no es ausencia de dolor… es la decisión constante de permanecer. Tomás respondió: —Prometo cocinarte cada recuerdo y transformar cada dificultad en algo que podamos compartir. Prometo que si alguna vez olvidamos quiénes somos, volveremo...

Capítulo 49: La propuesta

  Capítulo 49: La propuesta La llevó de nuevo a la cocina donde todo había comenzado a reconstruirse. Preparó otra vez el risotto de durazno caramelo. —¿Otra vez? —preguntó Sofía sonriendo. —Las historias importantes merecen repetirse. Cenaron entre risas suaves y miradas largas. Cuando ella terminó el último bocado, Tomás se levantó y desapareció un momento. Regresó con una pequeña caja. No se arrodilló de inmediato. Primero habló. —Sofi… te amé cuando éramos adolescentes torpes escondiéndonos en bibliotecas. Te amé cuando creíste que estaba muerto. Te amé en silencio mientras aprendías a volar sin mí. Y hoy quiero amarte con presencia, con verdad, con todo lo que soy. No prometo una vida sin dificultades. Prometo una vida contigo, enfrentándolas juntos. Entonces sí, se arrodilló. —¿Te casarías conmigo y escribirías conmigo el resto de nuestra historia? Sofía no lloró de inmediato. Sonrió. Esa sonrisa que había sobrevivido a todo. —Sí. Pero con una condición. Él le...