Ir al contenido principal

Capitulos 19,20 y 21

 

Amor durazno. Capitulo 19,20 y 21


Capítulo 19:


Las cosas estaban tranquilas.

Demasiado tranquilas.

Y en mi vida, cuando todo está en calma, significa que algo está preparando un giro dramático digno de telenovela de las seis.

Era martes. Estábamos en la biblioteca estudiando para un examen de historia cuando el celular de Tomás vibró sobre la mesa.

Él estaba en el baño.

Yo no soy celosa profesional.
Soy celosa con imaginación avanzada.

No iba a mirar.

No iba a mirar.

Miré.

Solo para silenciar la pantalla, lo juro.

Y ahí estaba la notificación:

Cristal: “No puedo creer que después de lo nuestro actúes como si nada.”

Mi cerebro dejó de funcionar.

Después de lo nuestro.

LO NUESTRO.

Repetí la frase mentalmente como si fuera un conjuro maligno.

Tomás regresó justo cuando mi cara pasó por cinco etapas emocionales en tres segundos.

—¿Qué pasó? —preguntó.

Le mostré el celular sin decir palabra.

Lo leyó.

Palideció.

—Sofi, no es lo que parece.

La frase más cliché del universo.

—Perfecto —respondí con una sonrisa peligrosa—. Porque parece exactamente lo que dice.

—Nada pasó.

—Entonces explícame por qué ella cree que sí.

Silencio.

Y ese silencio fue peor que cualquier confesión.

—Antes de que tú y yo… —empezó.

Ah.

Antes de que tú y yo.

—Salimos un par de veces —dijo finalmente—. Pero no fue serio. Nunca te lo dije porque… porque no significó nada.

El aire se me fue del pecho.

No era una traición actual.

Era una verdad omitida.

Y dolía igual.

—No significó nada para ti —dije—. Pero claramente significó algo para ella.

—Sofi…

—¿Por qué no me lo contaste?

No gritaba.

Eso era peor.

—Porque tenía miedo de que pensaras que todavía sentía algo.

—¿Y lo sientes?

Sus ojos se abrieron.

—No.

Pero dudó una fracción de segundo.

Y yo lo vi.

El problema no era el pasado.

El problema era la duda.

Tomé mi mochila.

—Necesito pensar.

—Sofi, por favor…

—No —dije con voz firme—. Esta vez necesito espacio.

Y salí.

Otra vez.

Pero esta vez no lloré inmediatamente.

Primero me enojé.

Luego me rompí.

Capítulo 20:

Esa noche, mientras intentaba procesar todo, mi celular vibró.

Número desconocido.

Mensaje.

«Si quieres saber la verdad, ven mañana después de clases al gimnasio. Sola.»

Obviamente parecía escena de película de suspenso adolescente.

Valeria casi me prohíbe ir.

—Eso es una trampa.

—¿Qué va a pasar? ¿Me van a lanzar brillantina maligna?

Pero fui.

Porque cuando algo amenaza tu historia… quieres respuestas.

El gimnasio estaba vacío.

Excepto por Cristal.

Sin banda.
Sin amigas.
Sin sonrisa perfecta.

Solo ella.

—¿Viniste sola? —preguntó.

—Sí. ¿Qué quieres?

Cristal respiró profundo.

No parecía la misma.

—No te envié el mensaje para pelear.

—Entonces ¿para qué?

Me miró con una mezcla extraña de orgullo y… vulnerabilidad.

—Tomás y yo salimos antes de que tú y él fueran algo. Pero él terminó conmigo.

Eso ya lo sabía.

—¿Y?

—Y lo hizo porque estaba enamorado de ti.

Mi cerebro hizo cortocircuito.

—¿Qué?

—Siempre hablaba de ti. Siempre. Yo lo sabía. Fui estúpida por pensar que podía competir con eso.

No sonaba resentida.

Sonaba herida.

—Entonces ¿por qué ese mensaje?

Bajó la mirada.

—Porque me dolió verlo feliz contigo. Porque fue más fácil hacerte dudar que aceptar que nunca fue mío.

Silencio.

Inesperado.
Incómodo.
Humano.

—No pasó nada después de ustedes —continuó—. Pero necesitaba que supieras que él no te eligió por impulso. Te eligió desde antes.

Mi enojo empezó a desinflarse.

No por ella.

Por mí.

—¿Por qué decírmelo ahora?

Cristal levantó la vista.

—Porque aunque no me caigas bien… tampoco quiero ser la villana permanente de tu historia.

Eso sí fue giro inesperado.

No hubo abrazos dramáticos.

No nos volvimos amigas.

Pero por primera vez, la vi sin filtro.

Y entendí algo incómodo:

A veces la enemiga no es malvada.

Solo está dolida.

Capítulo 21:

Al día siguiente, busqué a Tomás.

Él me vio acercarme con la expresión de alguien que no ha dormido bien.

—Sofi…

—Hablé con Cristal.

Su cara pasó por sorpresa y pánico.

—¿Qué te dijo?

—Que te enamoraste de mí antes de que lo admitieras.

Silencio.

No lo negó.

—Es verdad —dijo finalmente—. Intenté olvidarte saliendo con ella. Pero siempre eras tú.

—¿Y por qué dudaste cuando te pregunté si sentías algo?

Suspiró.

—Porque soy humano. Porque cerrar un capítulo no significa que borres cada emoción. Pero elegir es distinto. Y yo te elijo a ti.

Elegir.

No por costumbre.
No por comodidad.
No por miedo.

—No quiero ser la opción más segura —dije—. Quiero ser la decisión consciente.

Se acercó despacio.

—Lo eres.

Me tomó la mano.

—Pero si necesitas irte… no voy a detenerte.

Esa frase me atravesó.

Porque el amor que intenta retenerte a la fuerza no es amor.

Es miedo.

Lo miré largo rato.

Pensé en la chica invisible.
En la humillación.
En el beso.
En la discusión.
En el mensaje.
En el giro inesperado.

Y entendí algo enorme.

El amor no se prueba cuando todo es dulce.

Se prueba cuando aparece la duda… y aún así decides quedarte.

—No me voy —dije finalmente—. Pero no porque tenga miedo de perderte. Sino porque confío en lo que estamos construyendo.

Sus labios rozaron los míos con calma.

Sin urgencia.
Sin necesidad de demostrar nada.

Solo elección.

Y mientras el mundo seguía con su caos adolescente…

Yo entendí que crecer no es evitar los giros inesperados.

Es aprender a enfrentarlos sin dejar de ser tú.

.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Amor durazno. Capitulos 1,2 y 3 (Desliza hacia abajo para leer la novela)

 Amor durazno atOptions = { 'key' : '9b55ebb9ae1ae567bd1e543987a29876', 'format' : 'iframe', 'height' : 90, 'width' : 728, 'params' : {} }; /script>   Capítulo 1: La chica invisible. Dicen que el amor llega cuando menos lo esperas. Yo digo que el amor llega cuando estás despeinada, con un granito en la frente y una autoestima que vive escondida debajo de la cama. Me llamo Sofía Martínez, tengo dieciséis años y soy experta en tres cosas: sacar buenas notas, sobrepensar cada palabra que digo… y estar enamorada en secreto de mi mejor amigo. Tomás Revans Tomás “sonrisa perfecta” Revans Tomás “todo me sale bien sin esfuerzo” Revans Tomás “abraza a Sofía como si fuera su hermanita pequeña”Revans Si. Exacto. Ese es el problema. —¡Sofi! —gritó él esa mañana desde el otro lado del patio del colegio. Yo fingí ...

Capítulo 50: Bajo el cielo naranja

  Capítulo 50: Bajo el cielo naranja La boda no fue extravagante. Fue íntima. Al atardecer. Con un cielo teñido de ese naranja que siempre les recordó lo vivido. Había flores suaves, música delicada y una mesa especial donde el menú incluía, por supuesto, el famoso risotto de durazno caramelo. En los asientos delanteros, una fotografía de Valeria. En sus corazones, las versiones jóvenes de ellos mismos. Cuando Sofía caminó hacia el altar, Tomás la miró como la primera vez en la biblioteca… pero con años de historia en los ojos. En sus votos, Sofía dijo: —Prometo no huir cuando el miedo aparezca. Prometo elegirte incluso en los días grises. Prometo que si el mundo intenta rompernos, lo enfrentaremos como equipo. Porque aprendí que el amor no es ausencia de dolor… es la decisión constante de permanecer. Tomás respondió: —Prometo cocinarte cada recuerdo y transformar cada dificultad en algo que podamos compartir. Prometo que si alguna vez olvidamos quiénes somos, volveremo...

Capítulo 49: La propuesta

  Capítulo 49: La propuesta La llevó de nuevo a la cocina donde todo había comenzado a reconstruirse. Preparó otra vez el risotto de durazno caramelo. —¿Otra vez? —preguntó Sofía sonriendo. —Las historias importantes merecen repetirse. Cenaron entre risas suaves y miradas largas. Cuando ella terminó el último bocado, Tomás se levantó y desapareció un momento. Regresó con una pequeña caja. No se arrodilló de inmediato. Primero habló. —Sofi… te amé cuando éramos adolescentes torpes escondiéndonos en bibliotecas. Te amé cuando creíste que estaba muerto. Te amé en silencio mientras aprendías a volar sin mí. Y hoy quiero amarte con presencia, con verdad, con todo lo que soy. No prometo una vida sin dificultades. Prometo una vida contigo, enfrentándolas juntos. Entonces sí, se arrodilló. —¿Te casarías conmigo y escribirías conmigo el resto de nuestra historia? Sofía no lloró de inmediato. Sonrió. Esa sonrisa que había sobrevivido a todo. —Sí. Pero con una condición. Él le...