Amor durazno. Capitulos 25,26 y 27. Continuación
Amor Durazno
Capítulos 25, 26 y 27
Capítulo 25:
El stand de los besos se había vuelto casi una leyenda en el colegio. Durante semanas, todos hablaban de Sofía y Tomás como si fueran una comedia romántica ambulante.
Pero el amor, incluso el más dulce, no está exento de sombras.
Todo comenzó con un rumor.
Una foto.
Un comentario fuera de contexto.
Un “te vi con ella” susurrado en un pasillo demasiado estrecho.
Sofía sostenía su teléfono con las manos temblando. La imagen mostraba a Tomás hablando con Valeria —la chica nueva— muy cerca, demasiado cerca para el gusto de cualquier novia insegura.
—No es lo que parece —dijo él cuando ella lo enfrentó.
—Siempre dicen eso —respondió Sofía, intentando sonar firme, pero con la voz quebrada.
El problema no era la foto.
Era el miedo.
El miedo a no ser suficiente.
El miedo a que el amor fuera frágil.
El miedo a que todo lo hermoso pudiera romperse en cuestión de segundos.
—Sofi —susurró Tomás—, yo te elijo. No porque no existan otras personas en el mundo… sino porque cuando estoy contigo siento que estoy en casa.
Ella respiró profundo.
—Es que a veces… a veces me cuesta creer que alguien pueda amarme tanto como dices. Porque uno aprende a desconfiar cuando ha tenido que reconstruirse tantas veces sola.
Tomás se acercó lentamente.
—Amar no es prometer que nunca habrá dudas. Es prometer que cuando aparezcan, vamos a enfrentarlas juntos. No quiero que huyas cuando tengas miedo… quiero que me lo digas, aunque tiemble tu voz.
Sofía sintió que el orgullo se le deshacía entre los dedos.
Y aunque no se abrazaron de inmediato, el silencio entre ellos ya no era guerra… era tregua.
Capítulo 26: Celos, confesiones y duraznos
El ambiente seguía tenso.
En la feria cultural del colegio, ambos estaban asignados a puestos distintos. Tomás ayudaba en el escenario principal. Sofía en el área de arte.
Valeria apareció otra vez.
Y el corazón de Sofía hizo un pequeño desastre.
Pero esta vez decidió no callar.
Lo tomó del brazo, lo llevó detrás del escenario y lo miró directo a los ojos.
—No quiero convertirme en alguien celosa y desconfiada… pero necesito que entiendas que cuando veo ciertas cosas me duele. Y no porque no confíe en ti… sino porque todavía estoy aprendiendo a confiar en mí.
Tomás la miró como si estuviera viendo algo más grande que una simple discusión.
—Gracias por decirlo así —respondió—. No quiero que el amor nos convierta en enemigos cuando debería hacernos aliados.
La tomó de la mano.
—Valeria me pidió ayuda con un proyecto. Eso es todo. Pero si algo te incomoda, lo hablamos. Porque prefiero perder una conversación trivial que perder tu tranquilidad.
Sofía sintió que el nudo en el pecho comenzaba a desatarse.
—A veces amar es eso… aprender que no todo es amenaza, que no todo es abandono, que no todo es traición. A veces amar es darle al otro el beneficio de la verdad, aunque nuestras heridas nos susurren mentiras.
Tomás sonrió suavemente.
—¿Sabes qué eres?
—¿Qué?
—La única persona que logra que incluso mis errores me enseñen algo hermoso.
Ella rió.
Y como si el universo quisiera equilibrar la balanza, alguien empujó accidentalmente una caja de decoraciones que cayó sobre ambos, llenándolos de confeti naranja.
—Perfecto —dijo Sofía entre risas—. Ahora somos oficialmente duraznos humanos.
Se miraron… y se besaron, esta vez sin prisa, sin esconderse, sin miedo.
Capítulo 27: Elegirse de nuevo
Días después, sentados en las gradas vacías del gimnasio, Sofía apoyó su cabeza en el hombro de Tomás.
—¿Sabes qué es lo más difícil del amor? —preguntó ella.
—¿Qué?
—Aceptar que no siempre será perfecto… pero aun así decidir quedarte.
Tomás tomó su mano.
—Yo no quiero un amor perfecto. Quiero uno real. Con discusiones que terminen en abrazos, con miedos que se transformen en confianza, con silencios que no separen sino que unan.
Sofía lo miró con los ojos brillantes.
—Entonces elígeme… incluso cuando esté insegura.
—Y tú elígeme… incluso cuando sea torpe y diga cosas que no suenan tan bonitas como las tuyas.
Sonrieron.
El beso que compartieron no fue impulsivo ni urgente.
Fue consciente.
Fue una decisión.
Y en ese instante entendieron algo que pocos comprenden tan jóvenes: que el amor no es solo intensidad, ni solo pasión, ni solo mariposas… el amor es volver a mirarse después del miedo y decir, con el corazón abierto:
“Todavía quiero intentarlo contigo.”
Mientras el cielo se pintaba de tonos anaranjados, Sofía susurró:
—Si algún día el mundo intenta convencernos de que esto no es suficiente… recordemos que el amor no se mide por la ausencia de problemas, sino por la valentía de resolverlos juntos.
Tomás besó su frente.
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