Amor durazno
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Capítulo 1: La chica invisible.
Dicen que el amor llega cuando menos lo esperas.
Yo digo que el amor llega cuando estás despeinada, con un granito en la frente y una autoestima que vive escondida debajo de la cama.
Me llamo Sofía Martínez, tengo dieciséis años y soy experta en tres cosas: sacar buenas notas, sobrepensar cada palabra que digo… y estar enamorada en secreto de mi mejor amigo.
Tomás Revans
Tomás “sonrisa perfecta” Revans
Tomás “todo me sale bien sin esfuerzo” Revans
Tomás “abraza a Sofía como si fuera su hermanita pequeña”Revans
Si. Exacto. Ese es el problema.
—¡Sofi! —gritó él esa mañana desde el otro lado del patio del colegio.
Yo fingí no escuchar. Porque cuando Tomás grita mi nombre, mi cerebro se apaga y mi dignidad toma vacaciones.
—¡Sofía Martínez! ¡Ven acá!
Caminé hacia él intentando parecer normal. NORMAL. No una chica que lleva seis años enamorada del mismo chico que le cuenta todos sus secretos amorosos.
—¿Qué pasó? —pregunté, cruzando los brazos para disimular que me temblaban.
—Necesito tu opinión experta.
Error número uno: aceptar el título de “opinión experta”.
—¿Sobre qué?
Tomás sacó su celular y me mostró la foto de una chica de tercero. Alta. Sonrisa brillante. Cabello perfecto. Yo parecía un escarabajos al lado de ella.
—¿Crees que le gusto?
Y ahí estaba. Mi corazón hizo *crack*….pero mi boca respondió:
—Sí, claro. Le gustas a todas las chicas.
Porque soy una cobarde profesional…..
Porqué ajá, si no somos NADA , pues tampoco debe de importarme de que el se fije en alguien más. No en mí. Aunque siempre tuve esa ligera esperanza de que el me viera como algo más que una simple amiga. Eso nunca paso. A pesar de que yo esperaba que lo nuestro podría llegar a ser un cliché de esos de Friends to Lovers.
Tomás sonrió. Esa sonrisa que debería venir con advertencia sanitaria.
—Sabía que podía confiar en ti.
Confiar. Esa palabra que me tiene atrapada en la zona más peligrosa del mundo: la zona de amistad.
Esa tarde, al llegar a casa, me miré en el espejo.
—¿Qué te pasa? —me pregunté en voz alta.
No era fea. Sin embargo, siempre estaba comparándome. Siempre sintiéndome menos.
Quizás el problema no era que él no me viera.
Quizás el problema era que yo tampoco me veía.
Quizás era que yo tampoco me creía la gran cosa.
Y cómo soy experta en sobre pensar, pues hoy me quedé pensando en una publicación que vi en redes sociales, la cual decía:
“Heridas , eso que es sinónimo de debilidad o que no hemos sido lo suficientemente fuertes como para enfrentar. A diario personas caminan alrededor de nosotros, nosotros caminamos alrededor de ellos y si con sólo mirarlos pudiéramos ver lo que llevan dentro?.
Al leerlo de inmediato pensé: que distinta sería la vida, sí con sólo cruzar la mirada con alguien más pudiéramos ver un pequeño trailer de su vida completa, precisamente de todo lo importante que almacena, para bien o para mal?
Continúe viendo la publicación y al terminarla aprendí está reflexión: Todos llevamos heridas , sin embargo, a causa de ellas a veces el sistema nos quiere vender cómo incapaces , cómo rotos, cómo dañados y no cómo vasijas que aún pueden ser restauradas, no desechadas.”
Y bueno ya que 🤷🏾♀️, introduje el tema de las heridas, permítanme mostrarles la mía, la cual es la siguiente: siempre me he considerado INVISIBLE.
Pongámonos en contexto, soy alta, delgada, tengo un pelo castaño que me llega hasta la cintura, ojos cafés y una sonrisa medianamente perfecta.
Sin embargo, siempre me quedo admirando la belleza de otras chicas, cómo si la mía no existiera. Y sé que dicen que la belleza es subjetiva , sin embargo para mí la sociedad ya tiene unos cánones estrictamente estructurados sobre lo que es bello y lo que no , y constantemente dudo pues, de si yo encajo en ellos….
Y no se confundan, no soy una chica superficial , pero carajos si me importan esas cosas porque a pesar de que una cara bonita sólo deslumbra dos segundos, porque luego debes tener algo más importante que ofrecer a los demás, eso no significa que el físico deje de ser importante, porque no nos mintamos, en esta sociedad….
El físico si importa y mucho..
Cómo te ven te tratan.
Si te ven mal te maltratan.
Si te ven bien te contratan.
Y bueno pues precisamente mi físico es mi mayor inseguridad.
Ya que, repito, no es que sea fea, tampoco bonita, sólo soy NORMAL, no destaco dónde llegó, siempre paso desapercibida, siempre he sido INVISIBLE…..esa es la palabra que describe perfectamente lo que siento.
Esa es Sofía Martínez. Ni más ni menos
Y bueno , a pesar de que también soy divertida, alegre y responsable (académicamente hablando) siempre me he cuestionado si soy suficiente cómo para que alguien llegase a enamorarse de mí. Ya que, jamás he tenido novio, ni siquiera he besado a nadie hasta ahora. Es más, soy virgen.
Siempre he creído que tal vez, sólo tal vez….el amor no es para mi.
Sin embargo, cuando Tomás me abraza, cuando sonríe cómo si todos mis chistes tuvieran algo de especial o cuando me mira con sus hermosos ojos marrones , el mundo deja de ser tan gris y me da una pizca de esperanza.
Pero que difícil es cruzar esa delgada línea, entre seguir siendo la chica que está locamente enamorada de un crush(amor imposible) a ser la chica valiente , capaz de expresar sus sentimientos, aunque eso pueda implicar perder la amistad de la persona que más ama: Tomás Revans.
A ver , les gustaría saber porqué amo tanto a Tomás, existen sólo 3 RAZONES:
1.Es hermoso, por dentro y por fuera, es asquerosamente inteligente y siempre , pero siempre está dispuesto a hacerme sonreír. Y no crean que estoy exagerando , no he visto un solo día pasar sin que el no esté pendiente de si me siento bien o no, de si mis sonrisas son sinceras(porque solo él sabe distinguir cuando me siento genuinamente feliz) y de si ya comí duraznos🍑 (porque el sabe que son mis preferidos).
2.Conoce todo sobre mí, si absolutamente todo. Nos conocemos desde que nacimos porque nuestros padres también eran mejores amigos, y bueno la mejor herencia que me dejó papá al fallecer fue el hijo de su mejor amigo. Ese fastidioso niño, que se comía mis galletas de chocolate, que se burlaba de las horribles trenzas que me hacía mi madre y que siempre estaba a mi lado.
3.Y cuando digo que siempre estaba a mi lado, es porque en verdad, así fue, enferme de cáncer a los 10 años y adivinen quién dejó de ir a la escuela por un año?. Sí, ese mismo, Tomás, el estando aún tan pequeño, enfermo de depresión cuando se enteró de mi diagnóstico, no comía, no dormía bien, lloraba todas las noches , su madre tuvo que llevarlo a terapia todo ese tiempo y sacarlo de la escuela y al final la solución a su depresión fue ir a verme todos los fines de semana a mi casa y comer duraznos 🍑 juntos, porque sí , aparte de mis galletas también se comía mis duraznos.
Y bueno al final, yo vencí el cáncer y mi motivo principal para superarlo fue el siguiente: Tomás me prometió que se casaría conmigo si lograba sanarme. Y adivinen quién resultó completamente sana un año después?
Yo. Sofía Martínez.
Nos casamos en secreto, fue una boda falsa obviamente, la realizamos en aquella vieja casita del árbol que papá construyó antes de fallecer.
Tomás me hizo jurar lo siguiente:
-Me prometes que siempre estarás a mi lado:“ mi durazno valiente”?
(Sí, ese era el apodo que me tenía Tomás ):
“Su durazno valiente “
Y bueno ante esa pregunta yo dije lo más obvio:
-Lo prometo- (conteste sin titubear)
Y desde entonces he estado irremediablemente enamorada en secreto de mi mejor amigo.
Capítulo 2: Manual para no enamorarse de tu mejor amigo (y fallar en el intento)
He decidido escribir un manual.
**Manual oficial de Sofía Martínez para dejar de amar a Tomás Revans.**
Regla número uno: No oler su sudadera cuando te la presta.
Sí, lo hice. Y no me arrepiento. Bueno… un poco. Tomás siempre pero siempre huele excesivamente delicioso. Y bueno yo tengo la dicha de poder estar cerca de el constantemente y poder sentir su olor.
Ese día llovía. Tomás me cubrió con su chaqueta mientras corríamos bajo el aguacero.
—Te vas a enfermar —dijo.
Yo quería responder: “Ya estoy enferma, pero de amor”.
Pero me limité a sonreír como tonta.
Nos refugiamos en una cafetería pequeña cerca del colegio. Nos sentamos junto a la ventana, riéndonos mientras intentábamos secarnos.
—A veces pienso que nunca voy a enamorarme de verdad —dijo él, revolviendo su chocolate caliente.
Mi corazón dejó de funcionar.
—¿Por qué?
—No sé… nadie me entiende como tú.
Peligro. Alerta roja. Catástrofe emocional.
—Algún día vas a encontrar a alguien increíble —respondí, como si no quisiera gritar “¡ESA SOY YO!”.
Tomás me miró fijamente.
—Ojalá sea alguien como tú.
Y ahí fue cuando mi cerebro explotó en fuegos artificiales.
Pero claro. Luego añadió:
—Pero que también esté enamorada de mí.
Boom. Realidad.
Porque yo jamás he tenido el valor de decirle lo que siento. ¿Quién se enamoraría de la chica insegura y torpe que siempre está a su lado?
Cuando salimos de la cafetería, resbalé en el piso mojado.
Tomás me atrapó antes de que cayera.
Nuestros rostros quedaron a centímetros.
Demasiado cerca.
Demasiado perfecto.
Demasiado peligroso.
Demasiado……. Sí, en definitiva era DEMASIADO
—Eres un desastre, Sofi —rió.
Sí. Un desastre que te ama.
Pero claro, eso tampoco lo dije.
Luego de eso, fui de compras acompañada de Mamá y de mi mejor amiga: Valeria. Porque si, aparte de mejor amigo, también tengo mejor amiga. Porque soy una persona fabulosa, lo sé. Modestia y aparte la mía. Reímos muchísimo esa tarde, compramos helado y nos compramos dos vestidos azules iguales( porque azul 💙 es el color favorito de ambas).
Mamá nos llevó a la casa y nos encerramos en la habitación a ver una película y a comer duraznos (por supuesto ).
Valeria comenzó a contarme sobre algo que para ella parecía trascendental: su primera vez con un chico. Me contó todo, absolutamente todo con lujo de detalles de cómo había sido, mientras que yo solo me límite a responder:
-Que bueno que ya encontraste a alguien especial.
-Créeme algún día, tu también lo vas a encontrar -Afirmo Valeria. -Y cuando eso pase si realmente lo amas y el te ama será MÁGICO (sí , lo dijo con ese tono entusiasta que la caracteriza)y sólo me límite a reírme, por qué ajá(así soy yo).
Valeria y yo nos conocíamos desde los 6 años , siempre habiamos estado juntas( a excepción de un año dónde se fue a vivir a España con sus padres , pero al final sus padres regresaron a vivir a la ciudad). Cuánta falta me hizo ese año ella: mi confidente. Fue justo el año en que enferme de cáncer. A veces pienso que enferme porque no soportaba el dolor de su ausencia, porque lloraba todas las noches extrañandola y porque la incertidumbre de saber si la perdí me carcomía por dentro.
Valeria y yo no sólo éramos mejores amigas, para mí éramos hermanas, teníamos un pacto: al cumplir 18 años ambas nos mudariamos a Milan para estudiar diseño de modas en el Instituto Marangoni y luego después de graduarnos viajaríamos juntas por todo el mundo por un año. Yo sería la madrina de sus hijos y ella de los míos y al envejecer nos iríamos juntas al mismo asilo.
Si , lo sé , estábamos locas porque, lo teníamos todo perfectamente calculado, aún sabiendo que la vida es impredecible. Pero a pesar de eso, algo si teníamos por seguro y es que en definitiva, ambas teníamos que brillar si o sí en la vida. Porque nos teníamos la una a la otra para levantarnos al caer.
Pero a pesar, de todo eso, de conocerme tan bien, había algo que Valeria, no sabía aún: mi amor por Tomás.
Capítulo 3: El día que casi me descubren
Si hay algo peor que estar enamorada de tu mejor amigo…
Es que alguien más lo note.
Valeria, mi mejor amiga, me acorraló en el baño del colegio.
—Te gusta Tomás.
No era pregunta. Era sentencia.
—¿Qué? ¡No! —respondí demasiado rápido.
Error número uno: negarlo.
Error número dos: sonar culpable.
Error número 3: Preguntarme : ¿cómo se dio cuenta tan rápido? Bueno, se que ya han pasado seis años de mi enamoramiento pero yo pretendía que esto fuera un secreto de por vida.
—Por favor, Sofía. Lo miras como si fuera el último pedazo de pizza en una fiesta. -Dijo Valeria
Muy específico. Muy dolorosamente exacto.
—Somos amigos.
Valeria cruzó los brazos.
—Ajá. Sí cómo no…y yo que soy? ¿Por qué no me lo habías dicho?
–Porque es un secreto y los secretos son eso, nadie puede saberlo.
–¿Ni siquiera tu futura compañera de asilo? Oye si sigues, así, guardando secretos, te haré la vida imposible cuando llegues a la tercera edad y tú sabes que puedo llegar a ser muy fastidiosa . Ah y que también cumplo mis promesas, si te digo que te haré la vida imposible así será, espéralo. Así que ahora mismo me cuentas todos los detalles de tu supuesto enamoramiento por Tomás o ya verás lo que te espera.
-Esta bien, asentí sin protestar.
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Esa tarde, Tomás apareció en mi casa sin avisar.
—Necesito refugio —anunció dramáticamente.
—¿De qué?
—La chica que me gusta me dejó en visto.
Y ahí estaba yo. El refugio emocional oficial.
Nos sentamos en el suelo de mi habitación, espalda contra la cama.
—¿Sabes? —dijo él—. A veces me pregunto si estoy buscando en el lugar equivocado.
Mi corazón empezó a correr una maratón.
—¿Qué quieres decir?
Tomás me miró diferente. No como siempre. No como a su amiga pequeña.
—Quiero decir que… quizá la persona indicada ha estado frente a mí todo este tiempo.
Silencio.
Mi respiración se detuvo.
Mi autoestima gritaba: “No te ilusiones”.
—Sofi…
Y justo cuando pensé que el universo estaba a punto de regalarme el momento perfecto…
Mi mamá abrió la puerta sin tocar.
—¡Niños! ¿Quieren un poco de pizza con jugo?
El momento murió ahí mismo.
Tomás se levantó riendo.
—Tu mamá siempre arruina las escenas dramáticas.
Yo también reí. Porque si no me reía, lloraba.
Pero esa noche, mientras me acostaba, una idea empezó a crecer en mi mente.
Tal vez el amor no es cuestión de ser perfecta.
Tal vez es cuestión de atreverse.
Y quizás… solo quizás…
Estoy más cerca de dejar de ser invisible de lo que creo.
(Versión de Tomás Revans)
Hoy intenté decirle lo que sentía.
Falle.
¿Cómo explicarle a tu mejor amiga, que estas enamorado de ella desde los 10 años? Que el motivo por el cual llorabas todas las noches es porque te aterraba la idea de perderla. Y de noche, en la oscuridad, esos miedos cobraban vida, porque la oscuridad te recordaba lo gris y oscura que sería tu vida sin ella.
Sí, ella.
Sofía Martínez.
¿Cómo explicarle que la verdadera razón por la que he salido con tantas chicas, es para ver si puedo olvidarla a ella?
Camila, Cristal, Rocío, Inés, Kimberlin, Katherin , Samira, Zoe, Victoria, Amber, Andrea, María, Fernanda, Johanna, Darling, Ana, Lucia, Francisca, Emma, Yamileth, Yamilka, Kenia, Erika, Luz , Karol, Georgina, Yissel….
Todas ellas han sido víctimas de un amor fracturado, porque a ninguna de ellas las pude llegar a amar como amo a Sofía. Que va, ni siquiera las quería.
Y si, tal vez soy un maldito Playboy. Y lo peor de todo es que no siento culpa ni remordimiento por ello.
Porque el cetro de mi corazón siempre ha tenido dueña.
Me enamoré de Sofía un 12 de diciembre, (justo el día de su cumpleaños)
No fue un día cualquiera.
Teníamos diez años.
Ella estaba sentada en el suelo de su habitación, con un gorro de lana que le quedaba grande y una sonrisa pequeña pero valiente. Afuera, las luces navideñas parpadeaban como si el mundo celebrara algo que yo no entendía. Dentro, yo estaba aprendiendo lo que era el miedo.
El médico había dicho palabras que yo no comprendía del todo, pero sí entendí una cosa: Sofía podía irse.
Y cuando ella me miró y dijo:
-No tengas miedo, Tomi.
Ahí pasó.
No fue cuando la vi bonita.
No fue por los abrazos que me daba.
No fue cuando jugábamos en la casita del árbol.
Fue cuando ella, siendo quien estaba enferma, intentó tranquilizarme a mí. Esa era Sofía, esa era su esencia.
El amor no entró como un rayo.
Entró como una certeza.
Y desde entonces, cada 12 de diciembre recuerdo el momento exacto en que mi corazón decidió que no habría nadie más.
Por eso son doce razones.
Una por cada mes que llevo amándola. Aunque a decir verdad , no han Sido solo meses, han Sido años (6 para ser exactos) Y bueno, cómo 6+6 son 12, pues aquí les dejo 12 razones de porque la amo.
1. Porque es fuerte incluso cuando está rota.
La vi luchar contra algo que asustaría a cualquier adulto, y aun así sonreír para que yo no llorara. Sofía no solo venció una enfermedad; venció el miedo de todos los que la amábamos. Amar a alguien que sabe levantarse incluso cuando el mundo la empuja hacia abajo es entender que estás frente a una guerrera disfrazada de ternura.
2. Porque convierte lo simple en sagrado.
Comer duraznos 🍑 en silencio puede parecer insignificante para cualquiera. Para nosotros era un ritual. Ella tiene la capacidad de transformar lo cotidiano en recuerdo eterno. A su lado, lo pequeño siempre significa algo grande.
3. Porque me conoce en mi versión más cruda.
Me ha visto llorar. Me ha visto temblar. Me ha visto perder el control. Y nunca me ha mirado con decepción. Me ama -aunque aún no lo diga(lo noto en su mirada)- sin máscaras. Y ser amado sin actuación es el mayor privilegio.
4. Porque su risa me salva.
Hay días en que el mundo pesa. Pero cuando Sofía ríe, algo en mí se acomoda. Su risa no es ruido; es refugio. Es la prueba de que la vida, a pesar de todo, vale la pena.
5. Porque nunca ha dejado de elegirme como amigo.
A pesar de mis errores. A pesar de mis citas absurdas. A pesar de mi fama de Playboy, de mujeriego, de rompecorazones. Ella no me juzga. Es mas, siempre vuelve a mí. Cómo amiga, cómo confidente, cómo todo, podemos pelear pero nunca hemos dejado de elegirnos el uno al otro en medio de esas peleas.
6. Porque es luz sin saberlo.
Sofía no entiende lo hermosa que es. No entiende cómo ilumina un lugar solo con entrar. Ella simplemente no lo sabe o no lo ve y amar a alguien que no es consciente de su brillo te da ganas de protegerlo del mundo entero para que nadie la lastime.
7. Porque cuando me mira, me siento suficiente.
No el chico popular. No el playboy. Solo Tomás. Y eso basta.
8. Porque su bondad no es ingenuidad, es elección.
Ella elige no competir. Elige no apagar a otras para brillar. Elige amar limpio. Y en un mundo donde todos quieren ganar, Sofía quiere cuidar.
9. Porque sobrevivimos juntos.
No solo a su enfermedad. A la adolescencia. A los cambios. A los celos silenciosos. Hemos crecido uno al lado del otro. Y crecer juntos crea raíces profundas.
10. Porque es hogar.
No importa dónde esté. Si Sofía está cerca, mi ansiedad baja. Mi mente descansa. Amar es encontrar descanso en otra persona. Y yo descanso en ella.
11. Porque me da miedo perderla.
El miedo no siempre es debilidad. A veces es prueba de que algo importa demasiado. Y ella me importa más de lo que mi orgullo admite.
12. Porque el 12 de diciembre entendí que mi vida sin ella sería gris.
Ese día, mientras las luces navideñas brillaban afuera, entendí que mi felicidad tendría siempre su nombre. No fue una simple decisión . Fue un latido que dijo: "Es ella."
Y desde entonces no ha cambiado.
He intentado olvidarla.
He intentado distraerme.
He intentado convencerme de que esto es costumbre, nostalgia, miedo a crecer.
Pero no.
Es amor.
Del que no se improvisa.
Del que no se reemplaza.
Del que no se olvida.
Y aunque hoy fallé…
Aunque mi voz tembló y el momento se rompió…
El 12 de diciembre me enseñó algo que no puedo negar:
Estoy jodidamente enamorado de ella.
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Hoy fui a su casa porque necesitaba verla.
Siempre invento excusas.
“Me dejaron en visto.”
“Necesito consejo.”
“No entiendo a las mujeres.”
La verdad es más simple: no entiendo cómo sobrevivir sin ella.
Cuando le dije que la chica que me gustaba me dejó en visto, no estaba mintiendo.
Solo omití que la chica que me gusta se llama Sofía.
Nos sentamos en el suelo de su habitación, como cuando éramos niños. Su espalda contra la cama. Su hermoso cabello cayéndole por los hombros. Ese olor a durazno que nunca sé si viene de la fruta o de ella.
-A veces pienso que estoy buscando en el lugar equivocado -dije.
No era una frase al azar.
Era una confesión disfrazada.
Ella me miró con esos ojos cafés que parecen guardar galaxias enteras.
Y por un segundo pensé: hazlo. Dilo. Sé valiente.
Pero entonces apareció el miedo.
No en ella.
En mí.
Porque amar a Sofía no es solo querer besarla.
Es arriesgarme a perderla.
Y perderla no es opción.
Ella cree que soy fuerte.
No lo soy.
Soy el chico que puede conquistar a cualquiera menos a la única que importa.
La sostuve cuando casi resbala en la cafetería días antes. Nuestros rostros quedaron tan cerca que pude contar sus pestañas.
Ahí entendí algo peligroso:
Si la beso, no hay vuelta atrás.
Y yo quiero todo con ella.
No un beso impulsivo.
No una confesión adolescente.
Quiero despertarme dentro de veinte años y que siga siendo ella.
Pero ¿qué pasa si no soy lo que ella quiere?
Sofía se merece alguien estable. Seguro. Decidido.
No alguien con historial romántico cuestionable.
No alguien que ha besado a media ciudad intentando olvidarla.
Y entonces hago lo que mejor sé hacer.
Bromeo.
Sonrío.
Desvío la conversación.
Cobarde profesional……
Sin embargo , hoy estuve a punto de cambiarlo todo porque luego de irme de su casa regresé a las 10 de la noche.
Llegué a su casa sin avisar. Necesitaba verla. Necesitaba confirmar algo que me está carcomiendo por dentro desde hace semanas.
Sofía ya no me mira igual.
Y no sé si eso me salva… o me condena.
Nos sentamos en el suelo.
Había algo diferente en el aire. Algo eléctrico. Como cuando el cielo está a punto de romperse en tormenta.
-Quizá la persona indicada ha estado frente a mí todo este tiempo -dije.
No estaba ensayado.
Salió del pecho.
La miré.
No como a mi amiga.
No como a mi compañera de aventuras.
La miré como el hombre que sabe exactamente a quién ama o por quien babea.
Carajos , no se cómo ella no lo nota, cómo no se da cuenta de cómo la miro…
Y bueno el silencio entre nosotros fue tan intenso que pude escuchar mi propio corazón traicionándome. Un escalofrío recorrió mi cuerpo….
-Sofi… -susurré.
Ella dejó de respirar.
Yo también.
Estábamos a un centímetro de cruzar esa línea invisible que nos ha separado durante años.
Y entonces…
-¡Niños! ¿Quieren pizza con jugo?
Su mamá.
El universo tiene un sentido del humor cruel.
Me levanté riendo.
Pero algo cambió.
Lo sentí.
Ya no puedo seguir fingiendo.
Porque amar en silencio duele.
Y verla amar a alguien más me destruiría. Siempre me he imaginado ese escenario en mi cabeza, el de Sofia, besando a alguien más, abrazando a alguien más, caminando hacia el altar con alguien más y eso de inmediato me hace hervir la sangre de solo imaginarlo.
Esta noche entendí algo que me asusta:
Tengo más miedo de no intentarlo que de perderla.
Y si algún día Sofía descubre que cada abrazo fue una súplica silenciosa…
Que cada “te quiero, amiga” escondía un “te amo”…
Que cada novia fue un intento fallido de reemplazarla…
Tal vez comprenda que nunca fui un playboy.
Fui un enamorado cobarde.
Pero eso está a punto de cambiar.
Porque la próxima vez…
No pienso fallar. 🍑
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